To change
Cambiar: es la palabra que resuena en mi cabeza con más fuerza durante los últimos 90 y tantos días. Por segunda vez me animé a comenzar una postulación que quizás no tenga ningún futuro (mi primer fracaso me tornó una desconfiada) y talvez todo siga igual, idéntico a la vida como ha sido desde hace dos años.
Hace dos años me comenzaron a obligar a hacer cosas que no quiero. Antes era aprendiz de periodista con aspiraciones a cronista, y era feliz en ello. Escribía un montón, no pasaba noches en vela cabeceándome con cosas que no entendía. Si bien reclamaba un poco por los trabajos que se le ocurrían al profesor, tampoco eran una tortura.
Luego comenzaron a venir ramos que intentan convertir el arte en ciencia. No, Señor mío, hay cosas que no se pueden cuantificar. Paseando dentro de un carro de supermercado entre botellas de bebida es como me siento. Un cliente más del mercado. A nadie de los que prometen “el desarrollo libre del espíritu” les interesa mi alma. O al menos a un gran porcentaje.
¿Por qué me vine? Porque es una casa de estudios prestigiosa. ¿Alguna vez me convenció? Nunca.
(ninjastar)
Recordaría la noche aquella en que envió su Wordpress a un blog amigo, donde sé que ahora me quieren mucho.
Cuando navegamos en la Web, nunca nos detenemos a pensar en el poder de un blog. Quizás nunca creí que existiera. Hasta que comencé a jugar. El mundo cambió, mi nombre se tornó menos desconocido, cuento historias de verdad, y hoy tengo más razones para respirar.